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Trabajadores ferroviarios italianos despedidos se manifiestan a 30 metros de altura

ferroviarios_italianos_1Dos meses defendiendo el transporte público como bien común.

Un tren se mueve lento y a toque de silbato entra en la Estación Central de Milán. Es el saludo del maquinista para el nutrido grupo de personas que desde hace dos meses permanece acampado cerca del Andén 21, justo a los pies de la gigantesca torre-faro que domina la zona.

 

ferroviarios_italianos_2Dos meses defendiendo el transporte público como bien común.

Un tren se mueve lento y a toque de silbato entra en la Estación Central de Milán. Es el saludo del maquinista para el nutrido grupo de personas que desde hace dos meses permanece acampado cerca del Andén 21, justo a los pies de la gigantesca torre-faro que domina la zona.

Son los encargados del mantenimiento, limpieza y acompañamiento en los trenes nocturnos con coches-cama, un servicio que por más de 130 años ha facilitado la conexión ferroviaria directa entre el sur y el norte de Italia, beneficiando a millones de trabajadores itinerantes, migrantes y hasta turistas que se desplazan por el país.

A partir del 11 de diciembre 2011 las cosas han cambiado y su vida ha sufrido un viraje brusco. Trenitalia, la empresa que opera el servicio público de transporte ferroviario, ha iniciado un proceso de reorganización de los horarios, suprimiendo de forma unilateral los trenes nocturnos y remplazándolos por otros de alta velocidad.

Ahora, los ETR 500 ‘Frecciarossa’ cubren el trayecto desde y hacia Roma, obligando a los usuarios a buscar una conexión hacia su destino final y a pagar una tarifa que es casi el doble de la anterior.

El resultado ha sido la rescisión anticipada del contrato estipulado con las empresas contratistas adjudicatarias de los servicios a bordo (Servirail y Wasteels) y el consecuente despido de unos 800 trabajadores en toda Italia, 152 de los cuales en la sola región de Lombardía, en el norte de Italia. Una decisión que ha desencadenado la reacción inmediata de los obreros y de sus familias.

El 9 de diciembre, unos días antes de ser separados de su trabajo, Carmine Rotatore (45 años), Oliviero Cassini (48) e Beppe Gison (40) miraron para arriba. Allá, como a 50 metros de altura, estaba la cúspide de la gigantesca torre-faro de la estación. Atrás quedaron las dudas y los temores. El tiempo apremiaba. Comenzaron a subir por una escalera de metal, helada como el aire que los envolvía, y dieron inicio a una protesta que ha conmocionado al país entero, y que también ha puesto a dura prueba su resistencia.

“No teníamos alternativas. Es una toma pacífica pero por tiempo indefinido. Exigimos a Trenitalia que dé marcha atrás y que vuelva a reactivar los trenes y las rutas que ha suprimido, porque es un servicio que une al país y que beneficia a la gente más necesitada”, afirmó Carmine Rotatore en contacto telefónico.

Lo que los trabajadores no pueden aceptar - aseguran - es que Trenitalia esté sacrificando a centenares de personas y a un servicio tan necesario y simbólico, unicamente para aplicar medidas de liberalización y privatización del sector.

                                                                                  Asociación Internacional de Trabajadores